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Demasiado licor en una sola noche

Demasiado licor en una sola noche
Ese viernes, después de una intensa semana de trabajo contra reloj en nuestra oficina; algunas de mis compañeras me invitaron a tomar una copa, para celebrar la finalización de ese proyecto que nos había tenido tan ocupadas y alteradas durante varios días…

Decidimos ir a un bar por unos tragos. En total éramos cinco mujeres y una de ellas había invitado a su pareja; un caballero mayor muy agradable.

Un joven mesero se hizo cargo de nuestro grupo y nos instaló en un rincón.
Después de varios tragos, comencé a sentir que mi cultura alcohólica no era tan buena como yo pensaba. Estaba un poco mareada.
Para peor, una de mis compañeras; Lorena, había consumido mucho más alcohol que las demás y estaba realmente pasada de vueltas. Estaba caliente con el mesero; pero se desquitaba sus ganas conmigo, acariciándome mientras me decía que se encontraba muy caliente.

Lorena no dejaba de tocarme y mi propio morbo iba en aumento junto con sus dedos deslizándose por mis piernas. Para colmo, ese día yo me había puesto un vestido corto y ya no podía hacer nada para evitar sus avances.

Finalmente, entre el exceso de alcohol y su manoseo, el descontrol me invadió y sin darme cuenta, yo estaba casi entregada, lista para hacer cualquier cosa…gracias a mi desinhibición sexual…

Mis compañeras se fueron yendo a casa; cada una en distinto grado de emergencia etílica. Entre copas, cantos y risas nos quedamos solo las dos, la loca calenturienta Lorena y yo, que ya estaba peor que ella…

Me recosté en su regazo y de repente ella metió su mano derecha bajo mi blusa, mientras con la izquierda seguía empuñando una botella.
Al rato ese joven mesero que nos había atendido tan bien, se acercó para decirme que mis piernas abiertas permitían a todos los presentes disfrutar de la visión de mi tanga.

En lugar de sonrojarme y enderezar mi cuerpo, aferré la mano de Lorena y la hice posarse sobre mi pubis. En ese momento, ella me besó la boca y entonces comencé a sentirme realmente muy excitada.

Los dedos de mi compañera corrieron a un costado la breve tanga y se hundieron en la humedad de mi concha.
Su otra mano me acariciaba los pezones erectos por encima del vestido y me besaba dándome más lengua que labios…

Otra vez volvió a acercarse el mesero; para decir que nos detuviéramos, ya que en ese lugar no se permitían esos actos reñidos con la moral…

Al ver que Lorena intensificaba la acción de sus dedos traviesos en mi concha, el joven nos ofreció llevarnos a un sector privado, lejos de miradas indiscretas. Lorena retiró sus dedos, y los lamió mientras le decía al mesero que nos llevara allí…

Nos levantamos el joven nos condujo a una especie de bodega, donde se guardaba cajas de botellas de varios licores, vino y cerveza.
En medio del lugar había un sofá grande, algo desvencijado.

Entramos los tres y enseguida Lorena aferró al chico por la cintura y lo empujó hacia el sofá. Lo besó apasionadamente, metiéndole lengua y él no se resistió en absoluto.
Mi compañera de oficina le preguntó si quería jugar con nosotras dos.
La idea me resultó excitante…
El mesero aceptó sonriendo y en un par de segundos me quitó el vestido.
La diminuta tanga ahora estaba empapada y metida entre mis labios vaginales. Mis tetas aparecieron más turgentes que nunca, con mis oscuros pezones bien erectos.
Al verme desnuda, Lorena se acercó y comenzó a lamer mis tetas, mientras el chico hundía sus dedos dentro de mi concha hambrienta.
Pronto ella descendió por el cuerpo de ese macho hasta llegar a una hermosa verga erecta y empezó a lamerla y a tragársela entera…

Todo iba muy bien, hasta que el tipo acabó casi de inmediato…en la boca de mi compañera. Eso me frustró bastante, ya que yo quería sentir esa pija bien endurecida dentro de mi concha.
El mesero se mostró avergonzado por la rapidez en que había acabado; pero entonces, al menos, demostró un poco de creatividad…

Me hizo recostar sobre el viejo sofá y me ordenó abrir mis muslos.
Una vez que lo hice, él tomó una botella de licos, que tenía un largo cuello y un tapón redondeado. Humectó esa punta con su boca y me la introdujo entre los labios vaginales, que la recibieron agradecidos…

Lorena empezó a besar mis tetas; mientras ese hombre metía a fondo todo ese cuello de la botella en mi vagina. Todo el asunto duró unos largos y muy placenteros minutos, hasta que finalmente llegué a un buen orgasmo.

Acabé lubricando mucho más todavía el tapón de esa botella.
Lorena entonces dijo que ella quería aprovechar también esa lubricación.
Se puso en cuatro al lado mío y le pidió al chico que le hiciera lo mismo a ella.
El mesero se entusiasmó y pronto la boca de esa botella estaba dentro de la concha enfebrecida de mi compañera. Lorena aulló de placer al sentirla y llegó a su clímax mucho más rápido que yo.

Cuando llegué a mi casa, apenas podía caminar, ya que el mesero se había entusiasmado demasiado y nos había metido una botella a Lorena y a mí por el culo, a ambas; utilizando sus dos manos al mismo tiempo.

El culo me ardía horrores y, a pesar de mi poca lucidez, rogaba para que mi esposo no se diera cuenta de mi aventura. Me desvestí en silencio junto a la cama y me deslicé muy despacio entre las sábanas.
Mi adorado Víctor despertó a medias y me preguntó cómo me había ido.
Le dije que había probado un par de licores que no conocía.
Víctor insistió, preguntando se me habían gustado.
Le dije que eran ricos y suaves; pero lo que más me había gustado, era el efecto lubricante que tenían…

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