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La chica del camping – última parte

Babes

La chica del camping – última parte
Trigésima y última parte de la historia publicada con el mismo título, recomiendo la lectura de las anteriores, antes de seguir, para no perder el hilo. Espero que os esté gustando.

Sentadas en la terraza de la que, a partir de mañana, sería la cafetería de nuestro nuevo camping, Eva, Elena y yo charlábamos con Judith, la redactora de “Vacaciones azules”, una revista de ocio y tiempo libre que estaba preparando un amplio reportaje sobre nuestro negocio.
-¿Cómo surgió la idea de abrir un camping como este? –nos preguntó.
-Lo cierto es –empecé a decir –que fue idea de Eva. Se le encendió la bombilla una tarde en la que vivimos una experiencia sexual muy particular y, aunque al principio nos pareció una locura, la verdad es que, en el fondo, yo creo que a las tres nos llamó la atención y por eso terminamos liándonos la manta a la cabeza… -.
-¿Y sólo en un año habéis conseguido montar todo esto? Parece increíble… -.
-Nos organizamos deprisa, tuvimos muy buenas ideas al principio y trabajamos rápido. Ha sido un año de no parar que casi nos cuesta la salud a las tres pero, viendo el resultado, está claro que ha merecido la pena –respondió feliz Eva.
-Nos repartimos el trabajo por sectores –comencé a añadir –Eva, la gerente con experiencia porque lleva toda su vida trabajando en un camping, fue quien diseñó el proyecto y lo supervisó desde el primer momento. Elena, nuestra abogada, se encargó de resolver todos los trámites legales pertinentes y la que organizó y resolvió todo el trabajo administrativo. Y yo, la bohemia y la soñadora, he sido quien le ha dado vida a este lugar. Aparte de encargarme de diseñar la agenda del camping para todo el año, también soy la community manager de la empresa. Aunque la inauguración sea mañana, el camping lleva un año abierto en internet. Un año en el que hemos alcanzado tres mil seguidores en las redes sociales que se sienten parte de este proyecto porque lo conocen desde el principio -.
-¿Tres mil seguidores en España para un camping nudista y liberal? Es mucha gente, ¿No? -.
-No solamente españoles –Eva estaba radiante –tenemos seguidores de otros países. Ingleses, franceses, alemanes… -.
-Me parece fantástico –comentó Judith gratamente sorprendida –O sea que tú trabajabas en un camping –dijo Judith mirando a Eva –y te lanzaste a montar otro con tus amigas… Pues a tu jefe no ha tenido que hacerle gracia…–.
-Mi padre era mi jefe –respondió –el camping era el negocio familiar-.
-¿Qué dices? ¡¿Y te fuiste?! ¿Se puede preguntar por qué? -.
-Porque aquel camping no estaba en el lugar adecuado… Esta playa es un lugar especial para nosotras, aquí nos conocimos Laura y yo –confesó sonriendo –y esta calita reúne los requisitos necesarios para preservar la intimidad que queremos ofrecer a nuestros clientes y amigos. Ten en cuenta que, por su situación, la playa es prácticamente privada y eso implica mucha tranquilidad y libertad. Si hubiéramos mantenido el viejo camping nos habría resultado difícil acotar unos metros de playa para uso naturista. Y más con el movimiento de turismo que tiene Mojácar playa -.
-¿Y cómo os han dejado construir esto dentro del Parque Cabo de Gata -Nijar? ¿No se supone que es espacio protegido?-.
-Sabía que no me podrían decir que no –dijo Eva .Mira a tu alrededor… El camping es totalmente ecológico y sostenible y, además, está perfectamente integrado en el entorno. Incluso podría decirte que lo hemos mejorado y hemos asegurado su pervivencia. Sabía que se podía hacer y no me equivoqué. Si hasta nos estudiamos el suelo y la situación orográfica para que no tuvieran por donde pillarnos –sonrió –Como ves, esto es la desembocadura de una rambla y eso implica un riesgo en caso de lluvias torrenciales. Así que encargamos un estudio de seguridad, incluso para valores de lluvia que son casi imposibles en Almería, e, incluso así, existía la forma de hacer un camping como yo era capaz de verlo… -.
-imagino que por eso de las lluvias torrenciales es por lo que los bungalós están construidos sobre pilares… -dijo Judith.
-Sí –continuó Elena –los bungalós se encuentran a dos metros del suelo sobre pilares y, si te fijas, verás que no hay ninguna infraestructura que, en un momento dado, pudiera ser engullida por una corriente de aguas torrenciales. Incluso la zona para caravanas está habilitada sobre una plataforma… De lo único que no nos salvaríamos es del Diluvio Universal… Es cierto que hay instalaciones en zonas inundables, pero son principalmente caminos, jardines y las pistas deportivas. El mal menor, por llamarlas de algún modo… -.
-Puedes estar orgullosa del resultado –sonrió Judith –pero… contadme… ¿Por qué un camping naturista y, particularmente, por qué un camping liberal? -.
-Porque el año pasado nos lo pasamos follando como locas y es una buena forma de disfrutar de las vacaciones, ¿No te parece? –dijo Eva entre risas -¡Pero no vayas a ponerlo así! –espetó.
-Descuida mujer –respondió Judith.
-La verdad es que ese es el origen de esta particularidad en concreto del camping –continué diciendo yo –el año pasado fue un año de una exagerada vida sexual para las tres; bueno, para todo el grupo, y descubrimos que el sexo liberal era un reclamo que se podía utilizar si sabes cómo manejarlo. Y a las tres nos pareció una buena idea enfocarlo por ahí. Lo que no esperábamos de primeras es que tuviera tan buena acogida. Como te he dicho antes, son más de tres mil los seguidores que tenemos en las redes sociales y que nos han demostrado que la desinhibición o el liberalismo no están reñidos con la educación ni con el respeto -.
-¿No os preocupa que el camping se convierta en Sodoma y Gomorra o que haya quien os ataque acusándoos de eso? -.
-Mira… Judith… Yo soy, según mis vecinos, la más puta de este pueblo desde chiquitilla –dijo Eva riendo –Si a lo largo de los años he aprendido a no deprimirme por lo que opinen de mí mis propios vecinos comprenderás que, lo que digan los desconocidos, me preocupa menos todavía. Somos conscientes de que no le gustaremos a todo el mundo pero sólo nos preocupa que, a quienes vengan, sí que les gustemos. El resto del mundo, los que opinan sin conocernos, no nos van a dar de comer -.
-Y mañana es el gran día… ¿Qué habéis preparado para la inauguración? –preguntó interesada.
-Quédate y la ves con tus propios ojos –le contestó Eva -¿Puedes? ¿Quieres? -.
Judith se quedó pensativa unos segundos, barajando la posibilidad. Y se lo leí en los ojos… Tenía el mismo gesto que puse yo el año pasado, cuando se abrían ante mí las puertas de un mundo libertino totalmente desconocido y que me llamaba poderosamente la atención.
-No quisiera abusar… -dijo Judith.
-No es ni abuso ni m*****ia, en serio –le dije –A nosotras nos interesa que te quedes… Porque si quieres quedarte y te lo pasas bien, escribirás un buen reportaje sobre el camping -.
-Entonces no puedo negarme –sonrió –Y, además, tienes razón. Es obligación de la buena periodista contrastar la información antes de publicarla… -.
En ese momento me sonó el móvil.
-Es Inés, disculpad un momento –y me levanté de la mesa para atender su llamada.
-¿Qué cuenta? –me dijo Eva tras colgar el móvil.
-Dice que se han retrasado un poco al salir de Madrid y que llegarán esta noche -.
-¿Quién es Inés? –preguntó Judith.
-Mi hermana –dije.
-Mi pareja –contestó Eva a la vez.
Judith nos miró perpleja.
-Si –empecé a decir –Además de socias somos cuñadas -.
-Es que el verano pasado fue muy productivo –apuntilló Eva.
-¿Y ella no es socia? –preguntó inquieta Judith.
-Demasiado joven –contesté –pero, lógicamente, también está involucrada en el negocio. Está en Madrid estudiando cine y, de momento, desde allí está realizando un trabajo de producción que nos ha venido de maravilla. No te puedes hacer una idea del dineral que nos hemos ahorrado gracias a su trabajo… -.
-No te olvides de mi hermana –dijo Elena.
-Por supuesto que no –le contesté –si no fuera por Sonia las cosas en internet habrían sido más complicadas y lentas y forma un gran equipo con mi hermana -.
La cara de Judith era un poema. De repente, acababan de aparecer dos chicas más.
-Verás… -empezó a contar Elena –es que su hermana Inés y mi hermana Sonia son amigas desde pequeñas -.
-Y, además, de hecho fue Sonia quien nos puso en contacto con el primer grupo de parejas liberales con el que echamos a andar –le dije –nosotras no conocíamos a nadie.
-¿Y ella sí? –preguntó Judith anonadada.
-Si supieras como es mi hermana no te sorprenderías –respondió Elena –con decirte que perdió la virginidad en una orgía en el viaje de estudios de octavo de EGB… -.
Judith tenía cara de no dar crédito a lo que estaba escuchando. ¡Menudo grupo! Debía pensar.
-O sea que este es un negocio de mujeres… -.
-También hay dos hombres –le dije –Miguel, que es el novio de Elena y Gabi, el mío. Solo que ellos no trabajan directamente en el camping aunque, desde sus trabajos, si que podrán sernos de ayuda cuando llegue el momento. Nos gustaría, si todo sale bien, poder organizar también campañas de educación sexual y otro tipo de acciones formativas en un futuro no muy lejano -.
-Y son los que vienen de Madrid… -medio preguntó Judith -.
-Exactamente. Los cuatro juntitos… Los novios y sus cuñadas –y nos echamos a reír.
-¿Cómo se han tomado el resto de familiares que montéis un negocio así? -.
-Pues… -empecé a decir –no ha sido una tarea fácil de realizar ni una noticia cómoda de digerir para nuestros padres pero, afortunadamente, todas las asperezas están limadas aunque, para ello, hayamos tenido que colar alguna que otra “mentirijilla piadosa”… entenderás que, por ese motivo, nos interesa mucho que tengas mucho tacto a la hora de redactar el reportaje… -.
-Me hago cargo –contestó Judith –no tenéis que preocuparos por nada -.
-¿Ya son las seis? –exclamó Eva –Judith vas a tener que perdonarme pero me tengo que ir a recepción porque van a venir los últimos proveedores y tengo que atenderles -.
Aprovechando que Eva abandonó el grupo, nosotras nos dimos una vuelta por las instalaciones para enseñárselas con detalle a nuestra invitada. Durante el paseo continuamos charlando de otra serie de detalles como, por ejemplo, las medidas higiénicas, los planes de seguridad y evacuación… En fin, datos técnicos principalmente.
-¿Vosotras vais a trabajar desnudas también? -.
-No. El personal tiene que llevar algo de ropa por cuestiones de imagen y de higiene. Nos movemos por muchos sitios y atendemos a mucha gente, no solo a los huéspedes… -.
-Aham, entiendo… -.
-de todas maneras –continuó diciendo Elena –sí que es cierto que habrá ocasiones en las que, por cuestiones de celebración de algunas actividades o cosas así, sí que podamos quitarnos también la ropa si nos apetece… -.
-¿Cómo, por ejemplo, mañana en la inauguración…? –dejó caer Judith.
-Mañana todos desnudos… -le contesté sonriendo -Tú incluida –.
Judith sonrió. A pesar de que, en teoría, estaba aquí por motivos de trabajo –lo cual la excusaría de tener que andar desnuda por el camping- no cabía duda de que le apetecía vivir la experiencia íntegramente. Y ese espíritu era el que me hacía suponer que luego, cuando escribiera el artículo, nos iba a hacer una publicidad impagable. Así que había que portarse de lujo con ella.
La llevamos a su bungaló y quedamos en vernos a las nueve y media en la cafetería para cenar todas juntas. Me había metido en la cocina y había preparado algunas cosas de picoteo, frías y calientes, con las que llenarnos el estómago la noche previa al gran día. La charla que mantuvimos durante la cena fue mucho más distendida que la de la tarde. Ya no éramos las tres socias y una periodista sino que, más bien, parecíamos cuatro amigas que estaban nerviosas por la inminente inauguración del camping.
-¿Qué dice la gente en el facebook? –me preguntó Eva.
-Pues hay mucho revuelo y casi tienen más ganas que nosotras de que empiece la fiesta… ¡Qué nervios! -.
Mientras comentábamos las publicaciones de algunos seguidores de la página del camping sonó el teléfono de Eva. Bueno, en realidad era el Smartphone desde el que casi se podía controlar todo el recinto porque, además de ecológico y respetuoso con el medio ambiente, el camping era un derroche de tecnología.
-¡Ya están aquí! –gritó jubilosa.
A los pocos minutos Inés, Sonia, Gabi y Miguel llegaban cargados de bolsas a la terraza. Venían de Madrid con el material decorativo que quedaba por poner.
Presentamos a Judith a los recién llegados y, acto seguido, se sentaron a la mesa. Durante la cena continuamos repasando todo lo referente a la inauguración y hablamos de la enorme excitación y de los nervios que todos teníamos, incluida la periodista que ya era como una más del grupo. Al finalizar la cena nos quedamos de copeteo un rato y, alrededor de las dos de la mañana, nos marchamos a dormir. Cuando amaneciera, habría llegado el gran día.
No eran aún las nueve de la mañana cuando empezó a sonarme la puerta de un modo tan insistente que me quedó claro quién era quien la golpeaba.
-¡¡Eva!! ¡¡Que ya voy, coño!! –grité acercándome a la puerta y, una vez abierta, continué -¿Es que nunca piensas dejar de hacer esto? -.
-¡A la ducha! –contestó -¡Que ya vamos tarde! -.
Aunque, desde que habíamos ido más en serio con nuestras respectivas parejas, no habíamos vuelto a liarnos, Eva y yo manteníamos aún la costumbre de ducharnos juntas. Se había empeñado en seguir haciéndolo y, como ya sabéis, nunca he podido decirle que no a nada. Así que al final, como siempre, nos metimos en la ducha para espabilarnos y comenzar el día.
Al salir de la ducha nos pusimos la ropa del día de la inauguración: Un trajecito rojo de algodón, como tela de camiseta de verano, de tirantas y generoso escote que se ceñía a la cintura con un cordoncito y que luego caía hasta la mitad del muslo totalmente suelto. “Arreglá pero informal”, como diría la Martirio. Y, de calzado, unas sencillas esclavas en el mismo tono de rojo. Un rojo que, sin llegar a ser pasión, se le acercaba mucho.
Nos fuimos al edificio de recepción a comenzar la jornada y, a los pocos minutos, llegó Elena. Eva ordenó el mostrador y abrió las puertas de la calle, y Elena y yo nos metimos en el despacho. Ella a su mesa y yo a la mía.
-“Ya están las puertas abiertas… Ha llegado el gran día y os estamos esperando” –colgué en el facebook nada más entrar adjuntando una foto de nosotras tres en la puerta.
Fue una mañana de mucho trajín en la que, afortunadamente, para las dos de la tarde ya teníamos acomodados a algo más del ochenta por ciento de la capacidad prevista. A las cuatro y media llegaron los últimos huéspedes, bungaló 14, y, en ese momento, Eva cerró las puertas del camping, colgó el cartel de “completo” y, tras indicarles cuál era su bungaló, cerró la recepción y se vino para la cafetería con todos los demás. Nos acomodamos en la barra, sacamos una botella de tequila y chupitos para todos y brindamos por nosotros. Y luego nos quedamos de copas y de casquina hasta las seis de la tarde, hora en la que dio comienzo la fiesta tal y como estaba previsto.
En la terraza de la cafetería comenzó a sonar la música y todos los huéspedes se fueron acercando. Había montado un pequeño escenario, estaban las mesas y, en aquel lado, la barra para atender esas mesas. Conforme los huéspedes llegaban, la gran mayoría desnudos completamente, se iban quedando de pie entre el escenario y las mesas esperando que alguna de nosotras subiera a hablar o que, simplemente, pasara algo.
-Buenas tardes a todos y a todas –conforme subí al escenario y saludé los clientes, me recibieron con un cálido aplauso –Bienvenidos a la fiesta de inauguración de “La chica del camping”. Un proyecto que, sin vosotros, no habría sido posible ¡Muchas gracias! – aplausos de nuevo –Veo caras conocidas… Pedro y Ana por ahí, Vanesa por allá… ¿A quién te has traído al final Vane? -.
-A mi amigo Álvaro –contestó levantando un poco la voz.
-Pues se bienvenido Álvaro, sed todos bienvenidos -.
A continuación presenté a Eva y a Elena, a quienes recibieron con una fuerte ovación, y también al resto del equipo: Inés, Sonia, Gabi y Miguel. Sobre quienes hice una broma que resultó muy simpática y que provocó que los asistentes les aplaudiesen con más fuerza y más cariño.
-¡Que empiece la fiesta! -.
En ese momento se apagaron todas las luces del camping, salvo los focos que iluminaban el escenario, y empezó a sonar la canción “I just wanna make love to you” de Etta James (anuncio del albañil de la coca cola light de las once y media (http://www.youtube.com/watch?v=Nmru29Muju8)) y, siguiendo una coreografía que habíamos ensayado, y que fue la primera sorpresa de la fiesta, hicimos un strip teasse en el que fuimos desatando nuestros trajecitos rojos hasta quitárnoslos y quedarnos totalmente desnudas entre los calurosos aplausos y el buen rollo que transmitían nuestros espectadores.
Después de tan calurosa bienvenida, y de que Eva y Elena bajaran del escenario, comencé a explicar la primera de las actividades que íbamos a realizar.
Se trataba de un express-dating o “citas rápidas”. Muchos de los asistentes se conocían por haber compartido comentarios en nuestro grupo de facebook o porque pertenecían a cualquier otro grupo naturista o liberal. Esta era una forma divertida de ir encontrándose y conociéndose. Y, además, también iba a servir para aquellos que no se conocieran de nada.
La tarde se pasó volando mientras que, por parejas, cada tres minutos la gente se tenía que cambiar de mesa. Era divertido porque, aunque no parábamos de trabajar sirviendo las consumiciones que se iban pidiendo, también es cierto que teníamos la oportunidad de ir charlando un poco con todos a la vez y de ver como interaccionaban entre ellos.
Tal y como habíamos previsto esta primera actividad se prolongó lo suficiente como para poder empalmarla con la cena. Así que una vez terminada, invité a nuestros clientes a que nos ayudaran a cambiar la posición de las mesas. En unos minutos la terraza se había quedado montada con cuatro hileras corridas en las que los huéspedes ahora iban a tener la posibilidad de charlar con, como mínimo, cinco personas cada uno: los tres de enfrente y los dos de los lados.
Habíamos preparado un menú sencillo compuesto de lo que se conoce como “platos al centro”. Son raciones que se colocan en el centro de la mesa para cuatro o seis comensales y que se sirven con cierta rapidez. De este modo puedes tener siempre algo de comida en la mesa con lo que los comensales van a estar de buen humor el tiempo que te apetezca.
Después de colocarse las ensaladas y los entrantes fríos y empezaban a salir las primeras bandejas de Calamares a la plancha, volví a subir al escenario micrófono en mano. Deseé buen provecho y propuse el siguiente juego. Les anuncié que iba a elegir a gente al azar para hacerle una pregunta y que, quien acertara, tendría premio. Algo sencillito para, aparte de los pequeños “subgrupos”, mantener a todo el grueso de huéspedes entretenidos y sintiéndose parte de un solo grupo.
-A ver… tú –dije señalando a una chica veinteañera –¿Recuerdas a la pareja de… ¡León!? -.
-Sí –me contestó.
-Pues si me dices el nombre de la chica te invitamos a lo que te hayas tomado esta tarde durante las citas rápidas -.
La muchacha dudó un segundo. Me miró con cara de pánico pero enseguida empezó a relajarse para, finalmente, tener seguridad en la mirada. Sabía lo que iba a decir.
-Almudena –contestó.
Levanté el rostro en busca de la chica de León y le dije.
-¿Se la damos por buena…. Almudena? –y Almudena asintió.
Con el primer acierto y la primera invitación, vinieron también los primeros aplausos, las primeras risas y la sensación de la gente de estar pasándolo bien en una fiesta en la que no se paraba ni un momento.
-A ver… tú –dije señalando a un treintañero que estaba que se partía de bueno -¿a quién te gustaría invitar a lo que se haya tomado que no seas tú?… Pues contesta a esta pregunta…–era fácil y divertido implicar así a todos. Era… ¡Una fiesta!
Continuamos haciendo preguntas durante toda la cena y mantuvimos entretenidos a los huéspedes hasta que llegó el momento de servir el postre… Y de continuar con las sorpresas.
-A ver, a ver… -empecé a decir –que tengo yo que contaros una cosita… Es que resulta que esta fiesta, además de ser la de inauguración del camping, es… algo más -.
Permanecí en un intrigante silencio durante unos segundos, aprovechando para escudriñar las caras de la gente. ¡A saber qué podían estar pensando!
-Elena… ¿Puedes subir un segundito? –mi amiga se acercó a mi lado sobre el escenario –Bien… Ahora que está Elena aquí conmigo puedo anunciaros que esta fiesta es también… ¡Nuestras despedidas de solteras! -.
Los clientes enseguida rompieron a aplaudir y a felicitarnos. Había incluso quien pensaba que éramos dos lesbianas con un pie en el juzgado.
-A ver, a ver… Un segundito… -volví a decir micrófono en mano –que sí que nos casamos, pero no entre nosotras sino con dos chicos. ¡Miguel, Gabi! ¿Podéis subir? -.
Subieron, nos besaron y nos pusieron las diademas con las consabidas pollitas, cosa que ni Elena ni yo nos esperábamos y eso provocó un momento chufla sobre el escenario con el que los huéspedes estaban encantados y muertos de risa. Al final no nos quedó otra que aceptar las diademas y, cuando nos recompusimos, continué hablando.
-Viéndome ahora se podría decir que soy hermafrodita porque tengo los dos sexos –bromeé -.. Y también un engendro porque mira que dónde me han venido a nacer las… -señalé las pollitas de la diadema, con lo que no hizo falta terminar la frase. La gente se estaba riendo –Aunque, ahora que lo pienso, soy la mujer ideal para estar en este camping… ¡Tengo de todo y para todos! -.
Una carcajada general cubrió de nuevo toda la terraza.
-Bueno, venga… Os vamos a enseñar lo que tenemos de postre… -.
En ese momento Gabi y Miguel sacaron del interior de la cafetería, sobre mesas con ruedas, seis enormes tartas con forma de polla y las dejaron a los pies del escenario.
-Vamos a necesitar voluntarias… Aunque también admitimos voluntarios… -.
-Estos son Gabi y Miguel –continué diciendo -…los desafortunados que no saben donde se meten… Vamos a hacer una cosa… Como en las despedidas de soltera, a las novias, se les suele hacer un regalo… ¡Chicos! Tenéis que traernos una prenda de ropa de vuestras parejas y así nosotras aprovechamos y recogemos para ir sirviendo la tarta… ¡Ahora! ¡Venga! ¡¡Corred!! -.
Entre risas, y la mayoría recibiendo indicaciones de sus parejas sobre qué podían coger y qué no podían, los chicos fueron saliendo de la terraza en dirección a los bungalós y las caravanas para traer su regalo. Nosotras, mientras tanto, pusimos los servicios para el postre y sacamos tres enormes tartas con forma de polla como no podía ser de otra manera.
-Nenas… -susurré micrófono en mano –vosotras también tenéis barra libre esta noche… ¡Pero que no se enteren estos que nos arruinan! -.
Poco a poco los chicos fueron regresando y, cada uno, con una prenda en la mano que íbamos recogiendo a pie de escenario y la íbamos dejando en un canasto. Traían de todo; Que si camisetas, braguitas de bikini, pareos… Uno incluso trajo un simpático calcetín de lana de rallas de colores y con los dedos calados como en los guantes. Luego, cuando todos regresaron, continuamos jugando.
-A ver… ¿Quién es la dueña de esta camiseta? –una chica joven, alta y guapetona, morena de pelo rizado se puso en pie diciendo que era suya –Pues ven aquí con nosotras… ¿Y la dueña de este simpático calcetín? –entonces quien se levantó fue una mujer que debía rondar los cuarenta y que era todo un bombazo escultural, de melena castaña larga, que me puse nerviosa y todo al verla. Excitaba solo con mirarla -…¡Pues sube también! … ¿Os habéis comido ya la tarta? –asintieron –Pues entonces ya toca lo del strip teasse, ¿no? -.
Antes de que les diera tiempo a decir nada comenzó a sonar “I´m a slave” de Britney Spears y, del interior de la cafetería, salieron dos tíos vestidos del oeste que se cubrían la cara con un pañuelo y con el sombrero tejano y que, bailando desde el minuto uno, se acercaron hasta las cuatro y empezaron a bailar para nosotras.
Si, ya sé que resulta algo paradójico que dos tíos vestidos le hagan un strip teasse a cuatro tías que ya están desnudas pero, en esos momentos, lo que te pone es ver si el tío sabe moverse. Y estos dos sabían, os lo prometo…
Solo hicieron falta un par de temas para que los dos mozos nos pusieran cardiacas a las cuatro. Lejos de ser el típico strip teasse en el que el bailarín se dedica a magrear a las novias, ellos bailaron y nos calentaron con el arte de la seducción, que es cómo tiene que hacerse. Al finalizar su actuación todo el mundo rompió en aplausos… Y hasta me pareció que hubo quien aplaudía sin utilizar las manos…
-¡Madre del amor hermoso! –empecé a decir cuando los aplausos comenzaron a calmarse -¿Me lo parece a mí o hace ahora más calor que antes? -.
-¡¡Préstame a uno para luego!! –se escuchó gritar a una chica entre los asistentes.
-No te preocupes que se van a quedar aquí toda la noche –le contesté –Por cierto… espero que mis socias no me regañen por esto que voy a hacer a continuación pero no me parece justo que nosotras hayamos tenido dos boys y nuestros chicos se queden sin su strip teasse… ¿Qué os parece? -.
Como era de esperar, la mayoría de los hombres comenzaron a aplaudir la idea.
-Bueno pues… el caso es que no tenemos showgirls contratadas así que… -me giré para acercarme de nuevo al canasto de la ropa -¿De quién es este sugerente picardías? -.
-¡No sé bailar! –gritó la dueña poniéndose en pie.
-¿Ni siquiera si te digo que hay un regalo especial para ti si te animas? -.
Dudó unos segundos pero, el que supongo que debía ser su pareja, la animó a que subiera al escenario y, finalmente, se acercó hasta mí mientras que la gente empezaba a aplaudir y a jalearla dándole ánimos. La fiesta estaba en todo lo suyo.
-¿Y este tanga? ¿De quién es? -.
-¡¡Mío!! ¡Ya voy! –el entusiasmo de la chica provocó risas y, acto seguido, otra sonora ovación.
-Gabi, Miguel, si sois tan amables… -los chicos subieron al escenario y se sentaron en un par de sillas -¿Cuál es tu nombre? -.
-Ana -.
-¿Y el tuyo? -.
-Jesica -.
-Muy bien pues… Ana… Jesica… por participar en este improvisado strip teasse os comunico que… ¡Vuestra estancia y la de vuestras parejas este fin de semana son totalmente gratis! Pero os lo tenéis que currar –bromeé –ahora no vale hacerse la longui… Tomad. Poneros nuestros uniformes y, si os parece bien, ¡Que suene la música! -.
Ciertamente Ana, la dueña del picardías, no era una profesional del baile aunque la carencia del mismo la suplía con su particular y preciosa sonrisa. Jesica, sin embargo, bailaba bastante mejor y sabía cómo moverse para excitar a Miguel. No tardaron mucho en quitarse la ropa entre los aplausos y las atentas miradas de todos y, como buenas amateurs que eran, lejos de seducir con movimientos imposibles, Ana y Jesica sí que empezaron a magrear a los chicos. Primero con cierto resquemor pero, poco a poco, de una manera cada vez más desinhibida llegando incluso a sentarse sobre ellos y a cogerles las manos para ponérselas en las tetas.
Gabi buscó mis ojos para preguntarme con la mirada y, de inmediato, le di permiso para que disfrutara del momento. Entonces sonrió y dejó que sus manos juguetearan libremente sobre la piel de Ana hasta donde ella quisiera.
-Mira mi Gabi que bien se lo pasa! –comenté a micrófono abierto –nada hijo, tú a lo tuyo que para eso eres el soltero… Ana, que no te cortes, que puedes hacerle lo que te de la gana… ¡¡Aprovéchate del novio!! -.
No esperaba ninguna reacción especial al decir aquello pero ocurrió algo inesperado. Al escucharme, Ana no dudó en encajarse bien la polla de Gabi entre los cachetes pero apuntando hacia arriba y abrirse bien de piernas sentada sobre él exponiendo su sexo a todos los huéspedes. Entonces deslizó las manos de Gabi desde sus tetas hasta la entrepierna, dejó caer la cabeza hacia atrás y le dijo algo al oído. Y, entonces, mi novio empezó a masturbarla delante de todos.
No sé de qué me sorprendí. Al fin y al cabo estábamos en la fiesta de inauguración de un camping nudista y liberal así estaba claro que, antes o después, algo de esto iba a terminar pasando. Pero reconozco que no me esperaba que sucediera tan pronto y mucho menos que tuviera a mi novio como uno de los protagonistas. Así que, tras el repullo inicial, comprendí que el ambiente ya estaba lo suficientemente caldeado como para que cosas así empezaran a suceder.
Antes de que terminara la canción, los dedos de Gabi habían conseguido que Ana gimiera de placer y se corriera escandalosamente. Luego se levantó con las piernas aun temblorosas, le dio un par de besos a Gabi, se me acercó y me besó a mí también.
-Felicidades –me dijo –por la fiesta…, por tu boda…, por el chico que te llevas y… por las manos que tiene –dijo sonriendo –Te deseo lo mejor -.
Sonreí agradeciéndole sus palabras y, como pude, me recompuse tras el espectáculo sexual para volver a coger el micro. La fiesta aún no había terminado.
-Bueno pues… Parece que ya hay quien le ha sacado provecho a la fiesta –bromeé consiguiendo sacarle una risa a la gente –Y… la verdad es que me he perdido por completo porque, después de tan maravilloso espectáculo, ¡¿Quién es capaz de recordar lo que viene a continuación?!… –me quedé pensativa a posta durante unos segundos -¡Ah! ¡Ya caigo!… Ahora es cuando nosotras abrimos la barra libre y vosotros no le debéis cerrar las puertas a nada… -sonreí picarona -¡Disfrutad de la noche! -.
Bajé del escenario para irme a atender en la barra con mis amigas y, por el camino, Gabi me contó lo que le había dicho Ana al oído y que había sido, literalmente, “hazme un dedo, me excita el exhibicionismo y, ahora mismo, estoy cachondísima”. Así que ni se lo pensó y se puso manos a la obra para darle el gusto a la muchacha y, por qué no decirlo, a todos los que estábamos viéndolo.
-He supuesto que no te iba a m*****ar –me dijo.
Me acurruqué bajo su brazo para que me lo echara sobre el hombro y le di una palmadita cariñosa en el culo seguida de un apretón en el cachete.
-¡bribón! –le dije sonriendo –me habéis puesto chorreando… -.
Si no fuera porque tenía que estar detrás de la barra poniendo copas me habría zumbado a Gabi en aquel preciso momento. Pero no podía ser. Esa noche mi obligación era la de estar al servicio de los huéspedes mientras que ellos dejaban volar su imaginación.
Os puedo asegurar que fue una fiesta de inauguración épica, que aquella noche todo el mundo folló con más de una persona y que el resto del fin de semana transcurrió del mismo modo. Teníamos miedo de que, entre los huéspedes, se nos colara alguien problemático pero, gracias al trabajo en las redes sociales, habíamos conseguido crear una comunidad más o menos homogénea y, sobre todo, muy respetuosa.
El domingo por la tarde, antes de marcharse de nuevo a Madrid para redactar su artículo para la revista, Judith se acercó a recepción para despedirse de nosotras. Estaba encantada, ella también pilló cacho, y prometió volver en cuanto tuviera oportunidad. Se deshizo en halagos y nos aseguró que pondría todo su cariño en el artículo que iba a escribir sobre nosotras y nuestro camping.
No nos mintió. Dos semanas después de la fiesta de inauguración llegó a los kioscos el número de agosto de la revista y alucinamos con las ¡¡Seis páginas!! Que nos dedicaban. Judith había sabido encontrar el sentido de nuestra filosofía empresarial y había redactado aquellos párrafos con la misma sensibilidad con la que nosotras habíamos imaginado y desarrollado nuestro negocio. Eran palabras perfectas acompañadas de fotos perfectas. Nada de pornografía sino que todo destilaba insinuación y seducción desde el primer párrafo hasta el último.
Inmediatamente llamamos a Judith para felicitarla por el magnífico trabajo que había realizado y le invitamos a volver cuando quisiera y con cuánta gente quisiera. Había pasado de ser una periodista a convertirse en una amiga tal y como puso de manifiesto en las últimas frases de su artículo.
“Desnudos en cuerpo y alma. Así es cómo conviven los huéspedes que visitan este lugar. Un lugar en el que no hay sitio para las medias tintas. Un lugar en el que, o lo vives por entero, o nunca llegarás a comprenderlo. A mí me pasó… llegué con una mochila cargada de prejuicios y, cuando llegó la hora de marcharme, ya estaba completamente vacía y lista para llenarla solo de ropa. Ropa que ya no quiero volver a ponerme porque, desnuda, me siento como si estuviera de nuevo allí con Laura, con Eva y con Elena. Tres mujeres que me abrieron las puertas de su casa y de sus corazones y que me enseñaron que, la libertad, se disfruta más cuando la brisa te eriza todos los rincones de la piel. Si alguna vez quieren vivir la verdadera y mayor experiencia de libertad que hayan podido imaginar tienen que ir a Mojácar y preguntar por ‘La chica del camping’. Un lugar en el que, hasta el nombre, invita a soñar. ¡Sueñen entonces!… Yo ya no puedo dejar de hacerlo”.

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