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Mi Vecina y sus Habilidades

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Mi Vecina y sus Habilidades
Cuando, hace años, se compraron un ático en un edificio nuevo mis padres acababan de casarse, para ellos era lo más grande que podían soñar, siempre habían querido un piso alto con una gran terraza y con orientación al mar, todo eso lo habían estudiado desde que eran novios y cuando les salió la oportunidad la aprovecharon, el piso era bastante grande y con mucha luz y sobre todo, con lo que insistía mi padre, que fuera fresco y desde éste se viera a lo lejos el azul del mar en el horizonte y aunque con los años los nuevos edificios ya nos hayan tapado la vista sigue siendo fresco en verano. El caso es que se trasladaron y, a los pocos días, el ático de al lado también tuvo actividad, una pareja similar a ellos iba a ocuparla, también recién casados y para la limpieza como no tenían ni agua ni luz todavía pasaban a mi casa a por ella. Según me contaron yo nací al año siguiente de vivir allí y la otra pareja se encariñó mucho conmigo.

Mi vecina se llama Susana y es una chica normal, no es corpulenta más bien delgada y sin grandes atributos, ni mucho pecho ni culo, lo que se podía llamar una chica corriente, de cara no estaba mal máxime cuando se maquillaba, siempre llevaba una melena corta, morena, su marido, se llama Nicolás, en cambio es más agraciado que ella y sobre todo muy activo y simpático, mis padres son todo lo contrario, mi madre que se llama Pepa es más mujer, con mejor tipo y no le hace falta pintarse para estar linda, rubia de pelo, se lo deja largo muchas veces y otras se lo recoge con dos trenzas muy gruesas, mi padre Antonio es más bajo que mi madre y lo que ha perdido de pelo lo ha ganado en barriga, quizá fuera el motivo de que dedicó al transporte en camión y se pasaba los días conduciendo, aunque Andrés era taxista y no engordaba, no sé.

Yo según me cuentan fui un chiquillo precoz, iba adelantado en todo, cambié los dientes de leche muy pronto, hablé y anduve demasiado pronto y aunque eso podía ser un problema a ellos les hacía gracia cómo desde muy pequeño les llamaba a todos por sus nombre de pila, antes de papá o mamá aprendí a decir Pepa o Toño y a mis vecinos Susa y Nico.

Al ser los únicos vecinos en el rellano acostumbramos a dejar las puertas abiertas y yo pasaba de una casa a otra cuando me apetecía, mis vecinos se ilusionaron al verme a mí para tener hijos pero no lo consiguieron y me tenían como adoptado, el tiempo pasó y la amistad iba consolidándose. Nico venía a casa cuando había futbol, sobre todo en los Derby porque cada uno era de un equipo rival, mi padre también iba a su casa con frecuencia a tomar unas cervezas y discutir de fútbol pero nada comparado con Susa y mi madre, las dos parecían amigas de toda la vida, casi siempre estaban en una casa o la otra hablando y comentando cosas entre ellas, yo era el rey de las dos casas y no me faltaban atenciones, según pasaron los años seguí siendo el centro de atención de todos y los regalos me llovían en cumpleaños o en Reyes.

Desde muy pequeño estaba acostumbrado a la pareja de vecinos y no me extrañaba la compañía de las mujeres o de los hombres, Susa me trataba con total confianza y Nico también, a Susa y a mi madre, acostumbrado a verlas juntas, no las miraba como mujeres para mi simplemente eran Susa y Pepa, al haber tanta confianza las dos chicas hablaban de todo y no se ocultaban de mi para nada, muchas veces se compraban alguna prenda y pasaban a la casa de la vecina y se la enseñaban, mi madre tenía bastante habilidad para coser y a Susa le venía muy bien que le retocara la ropa, en cambio Susa era muy aficionada a las plantas, tenía macetas en la terraza de muchas plantas, por contra a mi madre se le morían al poco tiempo, Susa le compraba plantas nuevas o incluso las que ella tenía preciosas se las regalaba a mi madre pero era inútil, a los pocos días se ajaban y se morían, en cambio si mi madre tenía alguna mal se la dejaba a Susa y en su casa revivían, este trajín de plantas hacía que las dos terrazas estuvieran siempre llenas de macetas, ya competían entre las dos con clara ventaja de Susa.

Un día con motivo del cumpleaños de Susa mi madre le regaló una planta y me dijo que se la llevara a su casa, yo ya tenía 18 años y se la llevé, agradecida me dio dos besos para que se los trasmitiera a mi madre y me preguntó si podía ayudarle a trasplantarla a una maceta mayor, yo por supuesto accedí, extendió unos papeles en el suelo, trajo la maceta grande y tierra para hacer el cambio, los dos arrodillados con la planta de por medio, estaba observando cómo lo hacía hasta que me fijé en el escote de Susa, en muchas ocasiones le había visto en mi casa probándose ropa, quedándose en sujetador y bragas y, pese a estar acostumbrado, en aquella ocasión me produjo una sensación diferente, bajo el escote de le blusa, se le veían las dos tetas, como yo ya sabía no eran grandes pero estaban sueltas sin sujetador y el movimiento independiente me llamó la atención, desde atrás de la planta no le quitaba la vista.

Susa, ignorante de esto, se movía de un lado para otro y sus tetas se separaban dejándome ver el estómago o se apretaban por la presión de sus brazos, todo esto me produjo una gran erección que tuve que disimular cuando me dijo que ya podía llevarla a la terraza, me pegué la maceta a la bragueta y salí con ella, mientras Susa iba a por agua para regarla, al separarme de la maceta todavía no se me había bajado la polla y difícilmente la oculté, desde aquel día me fijaba mucho en mi madre y en ella, mi madre tenía un tipo muy bonito, también la había visto ligera de ropa como a Susa pero tampoco me había fijado, ahora siempre buscaba cualquier postura para poder ver algo más.

La ocasión fue a los pocos días, Susa se había comprado una planta muy rara y de paso le había comprado otra igual a mi madre, Pepa le propuso que por lo menos hasta que agarrara bien se la podía cuidar en su casa porque a ella todo se le criaba muy bien y en mi casa era la muerte segura, Susa aceptó y mi madre me mandó con la planta a casa de la vecina, lo primero que hizo fue extender un plástico en el suelo y preparar dos macetas para hacer el trasplante, yo le ayudaría como siempre pero ya iba advertido. Esta vez llevaba un vestido y un escote amplio abotonado por delante, por supuesto no me hacía ilusiones pero ya estaba sobre aviso, se puso los guantes y con las herramientas de jardinería que dominaba se puso a trasplantar, la maceta pesaba y me dijo que se la levantara un poco, me acerqué a ella y mientras preparaba la tierra en la nueva maceta se agachó, el vestido se ahuecó y aparecieron las dos tetas como la vez anterior, al estar agachada le colgaban dando la impresión de que tenía más de lo realmente era pero al no llevar sujetador se movían completamente sueltas.

Con cada paletada de tierra que daba el escote se iba bajando y las tetas se acercaban al borde, yo no perdía detalle, había veces que llegaba a un punto que parte de la teta quedaba asomando y otras que se hundían debajo del vestido, entre las dos al fondo podía ver el estómago, el vientre y las bragas blancas que llevaba, en el pubis se trasparentaba una zona oscura que terminaba horizontalmente, tenía una mata de vello muy marcado y bien cuidado, con las maniobras del trasplante yo miraba fijo las tetas, a veces era la derecha y otras la izquierda pero casi siempre era la derecha la más curiosa y se asomaba más y más, en un momento apareció la areola, eso no se lo había visto nunca y me causó una reacción en la polla radical, ahora esperaba que de un momento a otro fuera el pezón el que saliera, Susa se movía de aquí para allá sin sospechar nada y yo tenía la maceta frente a ella, mi cabeza iba a mil pensando si habría alguna forma para adelantar la espera y cuando me pidió la planta para meterla en la maceta nueva me retiré un poco con la intención de que alargara la mano hacia mí para alcanzarla.

Me felicité por la idea, en efecto ,se adelantó hacia mi alargando la mano, la teta la siguió y saltó sobre el escote, por unos momentos quedó colgando fuera del vestido, la areola la tenía grande, redonda y oscura y el pezón salido de tanto rozar el escote, me dio un subidón y la polla ya no podía aguantar más doblada como estaba, cuando se retiró con la maceta la teta volvió a colarse en el vestido pero la visión no paró, ahora se movía lateralmente y me ofrecía las bragas, se puso en cuclillas y entonces pude ver el bulto del pubis entre sus muslos, me pareció exagerado, siempre había pensado que una mujer era lisa en el sexo pero Susa marcaba un pubis bastante desarrollado, como si tuviera polla como yo, con los muslos abiertos ahora podía elegir, si le miraba por el escote le veía las tetas y el vientre pero si le miraba por delante debajo del vestido veía las piernas plegadas, los muslos y las bragas marcando todo el coño.

No me movía frente a ella, con los movimientos de aquí para allá abría o cerraba las piernas, se le veía una ingle o la otra y por arriba las tetas asomaban hasta casi salirse, me tuve que levantar y volviéndome puse la polla en mejor posición, ahora la tenía vertical pegada a mi vientre, casi me asomaba por debajo del cinturón pero por lo menos estaba cómodo, Susa me dijo.

Muy bien José, ya tenemos una, ahora vamos a por la otra, con lo que has visto ya habrás aprendido, ¿no?
Sí, ya tengo una idea de cómo se hace.
Pues con la otra puedes probar tú mismo.
Me dio los guantes pero me venían pequeños y no me los puse, se puso frente a mi indicándome y corrigiéndome como iba a hacer el trasplante, Susa se acercaba a mi o desde más lejos se adelantaba y me cogía la mano para que echara tierra aquí o allá, las tetas se movían mucho más que antes, ya la derecha se quedaba muchas veces enganchada del pezón solamente queriendo salir para volver a entrar en el vestido, la izquierda era más remisa y solamente asomaba pero la derecha me volvía loco, en un momento fui a sacar la cepa de la maceta pequeña y la planta se me venció, Susa vio que se me caía y se tronchaba y la quiso coger, con un movimiento instintivo se apoyó de rodillas y pisó el vestido con ellas, el escote se bajó demasiado y quedó grande para las dos tetas y ambas salieron fuera cuando Susa ya sostenía la planta, habían pellizcado la tela por debajo del pecho y no volvían dentro, así estuvo unos minutos sin percatarse de la situación hasta que me preguntó.

No han quedado mal, ¿Cuál te gusta más?
Las dos, me gustan las dos.
Ya, a mi también pero elige una para ti, la que más te guste.
Yo estaba embobado mirando fijo a las tetas y no entendí bien o no quise entender la pregunta pero mi mano se fue hacia ella.

Me gustan las dos pero me quedo con esta.
La mirada que me dio Susa no la podría describir, al cogerle la teta izquierda se había quedado paralizada, además no había duda como se la había cogido, la tenía toda en la palma de la mano abierta y entre los dedos había pellizcado el pezón para que no se escapara, yo no sabía que iba a pasar a partir de entonces, había sido un impulso y ahora me tocaba pagar y pagar caro.

Me refería a las macetas José.
¡Oh! Lo siento, Susa, no sé en qué estaba pensando, se me ha ido la mano.
Ya lo noto y ¿por eso me tienes la teta cogida con el pezón aprisionado?
Perdón, no volverá a pasar, lo juro.
Pero… ¿de verdad has sido sincero o lo decías por decir?
Perdona Susa, no sé qué excusa darte.
Me conformo que me digas la verdad.
Pues… sí Susa, me gustan mucho tus tetas.
Nunca me lo habría imaginado, me has visto muchas veces en sujetador y no te habías fijado.
Porque no te las había visto tan bien como hoy, bueno la otra vez que trasplantamos la otra maceta también te las estuve mirando.
¿Es que no habías visto nunca unas tetas, ni las de tu madre?
No, a mi madre se las he visto como a ti, con sujetador.
Pues también te gustarían, además tiene más que yo y con la lencería que usa se ven muy bonitas, te lo aseguro.
No sé, pero las tuyas me volvían loco, querían y no podían salir y esos pezones… nunca había visto unos de tan cerca y menos tocado.
Vaya por Dios, ya tienes edad de haber tocado alguno que otro.

Mientras hablábamos no dejábamos de mirarnos a los ojos y no me había dado cuenta de que no le había soltado la teta mientras tanto, era curioso verme a mí con la mano en el pecho y ella hablándome sin enfado aparente.

¿Y qué te parece mi teta para ser la primera que tocas?
Me la imaginaba más blanda y el pezón es muy áspero.
Mmm, ¿quieres decirme que las tengo duras? gracias, me hace ilusión, no me lo habían dicho nunca, ¿quieres tocar la otra? Casi nunca son iguales.
No hizo falta rogarme, la otra mano fue a la derecha y tenía razón el pezón era igual pero la teta me llenaba un poco menos la mano.

¿Notas la diferencia en tus manos?
Sí, la izquierda es un poco más grande que la otra pero están igual de duras y los pezones sí que son iguales.
Buen observador, ¿no te apetece probar a que saben? A lo mejor te llevas una sorpresa.
Susa se me acercó, dejamos a un lado la planta y de rodillas acerqué la boca a la derecha, estaba caliente y subía y bajaba con la respiración, le besé en un lado y encima pero Susa me cogió la cabeza y la llevó hasta el centro, al rozarme la boca el pezón apretó mi cabeza sobre él y prácticamente lo hundió entre mis labios, abrí la boca todo lo que podía y aspiré, en el paladar noté el contacto duro del pezón, la areola había desaparecido en mi boca y Susa no me soltaba la cabeza, la nariz la tenía hundida en la suave piel del pecho y no sabía cuánto podría aguantar la respiración pero mi lengua empezó a lamer el pezón apretándolo contra el paladar. Susa suspiraba con los ojos cerrados al lado de mi mejilla, la otra teta esperaba para recibir el mismo trato.

Cuando dejé la teta me di cuenta que la chica se había despasado unos cuantos botones y ahora el escote no le obligaba las tetas en una posición incómoda, ahora estaban sueltas como yo las había visto antes, tenían libertad y se movían, vi que los pezones le hacían punta hacia arriba y me gustó, parecía que me miraba y el izquierdo también entró en mi boca.

Por favor José, no sigas, no está bien lo que hacemos, no sé cómo ha podido pasar.
Lo siento Susa, no lo había pensado, ha sido todo un impulso momentáneo.
Pero me ha gustado mucho José, reconozco que no me lo esperaba pero me ha encantado.
Me gustaría preguntarte algo pero, me da vergüenza.
Dime José, no tengas vergüenza.
Me pregunto si no estás enfadada conmigo y… si podría besarte las tetas otro día.
Mmm, sólo con una condición, que no se lo digas a nadie, ¿entiendes? A nadie.
No te preocupes Susa, será nuestro secreto.
Y tanto que lo fue, casi todos los días había una excusa o motivo para pasar a casa de Susa, nada más entrar, cerraba las cortinas y se quitaba la blusa, me comía sus tetas con avaricia, ella me enseñó a no hacerle daño con los dientes y a lamerle desde el nacimiento hasta el canalillo con el máximo placer, estuvimos un tiempo haciéndolo, mi madre me alentaba a que pasara a su casa para cualquier cosa y nosotros lo aprovechábamos con una comida de tetas fabulosa.

El problema fue cuando más entusiasmado estaba con un pezón atrapado con los dientes y la lengua lamiéndolo y noté una serie de convulsiones en el estómago de Susa, la tuve que sujetar porque se le doblaban las piernas, ella se abrazaba a mi convulsionándose, sin soltarme estuvo varios minutos, en el abrazo mi polla se apoyó contra su muslo, si ya la tenía dura con el roce acabó de ponerse como una estaca. Susa se abrazó a mi pasando sus brazos por mi cuello, noté en mi pecho las dos tetas a la vez, para mi aquello era el cielo pero al sentir en mi polla el bulto caliente del pubis de la chica me corrí, me puse los calzoncillos y el pantalón perdidos de leche. Susa notó que me quedaba quieto y que de pronto la apretaba contra mí, ella resistió notando en su bulto cómo mi capullo palpitaba y arrojaba chorros de leche, con la mano tocó y sintió la humedad caliente de mis pantalones, cuando nos separamos la mancha me cubría de bolsillo a bolsillo.

Susa fue rápida y sin dudarlo me dijo imperiosa.

José, quítate la ropa, te la tengo que lavar y secar.
Ni lo pensé, me saqué los pantalones y los calzoncillos sin quitarme los zapatos, Susa fue a la pila y con velocidad me lavó la mancha de semen, el calzoncillo estaba amarillo casi y lo lavó igual, luego fue a por la plancha y el secador del pelo que me dio a mí.

Toma, tú seca el bóxer y yo te plancho los pantalones… ¡madre mía José, que polla tienes aún después de correrte!
Miré hacia donde ella miraba, lo cierto es que no estaba al máximo pero apenas caía y aunque mojada de leche estaba descapullada y brillante.

Con la plancha al máximo secó el pantalón en un santiamén, mucho más rápido que yo con el secador y soltando la plancha se arrodilló frente a mí me cogió la polla y se la metió en la boca sin limpiarla antes, notaba cómo me lamía dentro de la boca, estaba relamiendo lo poco que me quedaba de leche hasta hacer que se pusiera dura otra vez, solté el secador y el bóxer, no lo apagué cuando le cogí la cabeza y la atraje hacia mí, follándole la boca, ella sólo se preocupaba de hacerme tope con las manos en las caderas para que no se la metiera en la garganta pero no hizo nada para evitar que me volviera a correr dentro de la boca, con los labios apretados estuve moviéndome hasta que no me quedaba nada que sacar, relamió todo el glande y con los labios apretados fue retirándose hasta que salió el capullo, mi polla estaba tan limpia como si me acabara de duchar y no olía a semen, Susa se abrazó a mi cintura, con la polla caída pegada a su mejilla la besó cariñosamente, luego se levantó y con el secador en marcha acabó de secar el calzoncillo, me lo alargó para que me lo pusiera y cuando ya tiraba de la cintura para subirlo del todo acarició los huevos y la polla ayudándolos a entrar en la prenda.

José, ¿puedes venir? Me haces falta.
Mi madre me llamaba por la ventana de enfrente, me asomé y le dije que sí, ella no me vio pero sólo llevaba los calzoncillos puestos.

A partir de aquel día las comidas de tetas se ampliaron a comidas de polla, aprendí lo que es una mujer experta y con ganas de gozar, Susa se esforzaba por darme más gusto cada día, controlaba mi eyaculación demasiado temprana, me enseñó cómo calcular los tiempos pero todo eso fue en su contra… o no.

Una mañana estaba en su casa como tantas otras, las cortinas de la ventana estaban corridas porque entraba un sol de justicia, en eso que mi madre desde su ventana la llamó. Susa se asomó a la ventana, por detrás de ella quedaron las cortinas y yo sólo la veía de la cintura hacia abajo, le subí la falda, mi madre tenía ganas de hablar y no le dejaba interrumpir, Susa intentaba cortar la conversación pero mi madre no la dejaba, yo mientras le había subido la falda y metido las manos debajo de las bragas, le había atrapado las nalgas y ensanchándole las bragas se las estaba bajando, la voz de Susa era entrecortada, sólo decía monosílabos a mi madre, con la bragas en el suelo con un pie separé una pierna y luego la otra, ella se tuvo que apoyar en la ventana y yo por dentro junté la cortina para que no se abriera, mi polla pasó como un pincel entre las nalgas de Susa, con los brazos apoyados en el marco de la ventana intentaba esquivarme pero yo la tenía sujeta de la cintura y la seguía allá donde fuera, Susa estaba más húmeda cada vez y cuando le metí un dedo en la vagina le tembló la voz, ya había localizado la entrada y no fallé, le separé un poco más las piernas y entré hasta pegarme a su culo, la polla estaba justo en la entrada de su coño, Susa balbuceaba con mi madre cuando le fui metiendo la polla poco a poco, jadeaba como si hubiera subido la escalera corriendo,

¿Te pasa algo Susa, quieres que mi hijo te haga algo?
No te preocupes, no hace falta es un buen chico y se porta de maravilla.
Yo siempre le he dicho que te hiciera lo que necesitases, tú no te cortes, el chico es muy cumplidor.
Ya lo sé, es una maravilla de chico.
Ya estaba clavado adentro cuando empecé a salir, Susa me cogió de las caderas y me impidió que saliera pero al notar que volvía a meterme se relajó y arqueó la cintura, ahora le entraba más recta y con lo lubricada que estaba se hundía totalmente en ella, pasé las manos por su barriga hacia arriba, ella se cubría cruzando los brazos frente a mi madre para que no viera mis nudillos debajo de la blusa, mis manos fueron subiendo hasta alcanzar sus tetas, ahora era ella la que me buscaba, su culo se movía para que le entrase mejor, empecé a moverme cada vez más deprisa, mi madre parecía una cotorra y no le dejaba cortar la conversación. Susa notaba como mi capullo palpitaba peligrosamente, le iba a llenar el coño de leche, era inevitable, yo iba desenfrenado.

Susa, en un momento gritó diciendo que se le iba a quemar la comida y con esa excusa entró cubriendo la ventana con la cortina.

José eres un cabrón, cómo te has aprovechado de que no podía dejar a tu madre, debería haberle dicho dónde estabas y qué estabas haciéndome.
¿De verdad se lo habrías dicho?
No, ya sabes que no pero… sigue lo que has empezado y ten cuidado de no correrte en mi coño.
¡Qué pena, lo habría hecho muy a gusto!
Ya lo sé, por eso he cortado a tu madre, me ibas a preñar.
Entonces ¿donde quieres que me corra?
Donde quieras menos en mi coño, eso nunca, ¿lo entiendes? Nunca.
Le quité la blusa y Susa se arrodilló frente a mí, me estuvo chupando la polla hasta ponerla otra vez en riesgo de eyacular y cuando estaba en la últimas la saqué de su boca y acabé meneándome frente a su cara, la frente, su pelo y sus tetas recibieron mis chorros, ella repartió la leche de sus tetas por los pezones y la de la frente la sacó y la chupó con los dedos. La cogí de las axilas y la levanté con la mirada tan sensual con que se había chupado los dedos la alcé a la mesa del comedor y le subí la falda por delante, le separé las rodillas y hundí mi cara en su coño, era primerizo en muchas cosas pero el instinto me llevaba de la mano y parecía que bien llevado porque Susa empezó a gemir hasta que se corrió en mi boca, no dejé de pulsar con la lengua su clítoris hasta que ya no podía controlarse, saltaba en la mesa y se deslizaba por ella intentando escapar de los impulsos tan fieros de mi lengua, quedó con las piernas colgando, el coño cubierto de vello moreno y mojado, los muslos húmedos de los flujos que le habían salido cuando la follaba,

Me dijo que la dejara así, que no le hiciera esperar a mi madre y me pasé a casa, mi madre me esperaba para que le colgara unas cortinas.

Mi cumpleaños estaba cerca y mi sorpresa fue que vinieron a felicitarme Susa y su marido Nico, realmente todos los cumpleaños que yo recordaba me hacían un regalo y antes seguro que también pero el de este día me dejó asombrado, me trajo un reloj de pulsera deportivo con varias esferas de una marca suiza de primera, debía valer una fortuna, lo trajo en la mano, sin etiqueta ni nada, mi padre cuando lo vio abrió los ojos admirado y mi madre puso el grito en el cielo.

Nico, ¿qué has hecho? Eso es una barbaridad.
No creas, es falso se lo he comprado a un vendedor ambulante pero me ha parecido que daba el pego bien y se lo he regalado a José, así presumirá con sus amigos, no vale nada pero… no lo pierdas, ¡eh!
Yo no entiendo de relojes y menos de aquella marca tan exclusiva, los había visto en revistas pero eran intocables, además pesaba bastante y se notaba de calidad, era una buena imitación, yo se lo agradecí como si fuera bueno de verdad y comimos juntos en mi casa, estuvieron toda la tarde porque había futbol y mi padre como era muy forofo había comprado un televisor que parecía una ventana.

Al día siguiente como era casi costumbre con cualquier excusa pasé a casa de Susa, ella me llevó a su habitación y me hizo sentar en la cama, del cajón de la mesita sacó un paquete envuelto de regalo, adentro había una caja, era la caja original del reloj con su garantía y todo, me di cuenta que el reloj que me habían regalado era auténtico pero habían hecho esta escena para que mis padres no lo rechazaran, abracé a Susa y la besé, nunca había besado a una mujer en la boca y menos a una mujer madura pero sentí que aquellos besos sólo los podía dar una mujer de verdad, me devoraba con la lengua y sus labios me sabían a gloria, la caja del reloj quedó a un lado de la cama cuando me tumbé sobre ella, la iba a follar hasta cansarme pero ella esquivó como una anguila y me dio la vuelta, sentada encima me inmovilizó mientras se quitaba la ropa, aquellas tetas que habían jugado al escondite conmigo ahora estaban sobre mí y mi polla debajo del coño de Susa, ella se movió, derecha, izquierda y adentro y mi polla desapareció en su coño, la sensación fue placentera al máximo, ahora iba a saber lo que era follar con una mujer.

Me hizo probar todas las disciplinas, movió, giró y saltó sobre mí, llegaba hasta casi sacar el capullo pero se dejaba caer hasta hundirlo en ella, me llevaba al límite y frenaba lo suficiente para que yo me repusiera, se dio la vuelta y se sentó al revés, vi como mi polla entraba desde atrás, me obligaba a tener la polla forzada pero así frotaba más dentro de su vagina, la espalda le goteaba sudor y su corta melena se agitaba como si cabalgara de verdad, esta vez fue ella la que se corrió primero, yo había aprendido lo bastante para aguantar los envites y estaba contento, se escurrió de mi polla y fue reculando hasta poner su coño sobre mi boca y atrapar mi polla con la suya, me comió la verga a la vez que yo le amasaba las tetas y lamía los jugos que salían de su vagina, era su segundo orgasmo cuando me corrí en su boca, se agarró a mis muslos y no me dejó, fue una lucha de titanes porque yo tampoco dejé de lamer el clítoris pese a que con las piernas abiertas del todo quería separarse, quedamos tendidos, la caja del reloj se había caído al suelo abierta con la garantía rellenada en la fecha de mi cumpleaños.

Nico siempre trabajaba por la mañana y era el rato en el que estábamos seguros en casa, por la tarde se ponía a ver la tele o salía al bar a tomar algo con los amigos, entonces yo procuraba no ir a casa de la vecina pero aquella mañana cuando estaba comiéndole las tetas a Susa en el sofá se abrió la puerta y entró su marido, se me abrió la tierra debajo de los pies. Susa se tapó como pudo la camisa y yo me cubrí la erección que llevaba debajo del pantalón, Nico se acercó y con cara de agotamiento le dijo a Susa.

Uf, estoy agotado, voy a darme una ducha y luego me acuesto, he estado toda la noche sin parar.
Entró en el baño y al volverse Susa hacia mí me di cuenta de que se había abrochado los botones mal, me espanté y se lo dije, ella corrigió el fallo y me contó que Nico había cambiado el turno a un compañero y había salido con el taxi toda la noche, miramos la puerta del baño, yo con terror y ella con confianza.

Se está duchando puedes seguir un poco más.
Se había vuelto a abrir la camisa, las dos tetas rojas de mis chupadas me llamaban otra vez, confié en la seguridad de Susa y enterré la cara en el canalillo, el agua estuvo cayendo un buen rato y Susa me paseó la cara por las dos tetas. Al fin se cerró el grifo y al momento salió Nico metiéndose en la habitación, Susa esperó unos minutos, después se acercó de puntillas y abrió un poco la puerta, desde allí se le oía roncar como un oso, vino al sofá y se subió sobre mis piernas.

Podemos seguir otro rato, no hay peligro está roncando, desde aquí lo oiremos.
Ante la seguridad de Susa me confié, me bajé los pantalones y calzoncillos de una vez hasta los tobillos, ella cogió mi polla la mojó con saliva y se la metió en el coño dejándose caer apoyándome las tetas sobre mi pecho, pasó los brazos por mi cuello y al oído me susurró.

Voy a follarte como a mí más me gusta, no te preocupes, relájate que yo me encargo de todo.
Yo intentaba subir las caderas para que le entrara más la polla pero ella sabía lo que hacía y cuando quería que no le entrara mucho no se dejaba caer y cuando la quería toda metía el culo entre mis muslos y se la hundía hasta los huevos, me clavó las uñas en la espalda cuando se corrió, tuve que taparle la boca para que Nico no se despertara y cuando se calmó me dijo que ahora se la metiera lo más hondo posible, se apoyó con los codos en el asiento y elevó el culo en el borde, le metí la polla en el coño desde detrás cogido a su cintura, ella jadeaba y gemía con la cara pegada a la tela del sofá, cuando me iba a correr gritó.

¡No, José, no te corras adentro!
Me salí en el último momento y le duché la espalda con leche caliente, desde la habitación seguían los ronquidos.

Una tarde la pareja vino a mi casa, mi padre estaba afuera y los dos traían una caja.

Mira José, le he hecho un regalo a mi mujer, ha sido una buena ocasión, se lo he comprado a un tipo que trapichea con cosas, como sé que tú entiendes de ordenadores quiero saber si me han engañado.
Destapé con curiosidad el paquete, el ordenador era una maravilla, de marca genuina americana con muchas prestaciones, miré al mío, ya lo tenía hacía muchos años y era heredado de algún amigo de mi padre, le conté que era una compra estupenda y que yo me encargaría de ponerlo en marcha y configurarlo. Susa dijo que como quería aprender yo le podía enseñar y si a mí me hacía papel podía estudiar con él también, mi corazón saltaba de gozo, siempre había mirado los catálogos para ver lo que podía hacer pero poder trastear con él…

A mi madre le encantó, al verme tan emocionado no tuvo más que agradecer el ofrecimiento y animarme a enseñarle a manejarlo a Susa.

El día que pasé a poner en marcha el ordenador Susa me dijo que realmente el ordenador era para mí, su marido me lo había comprado porque sabía que el mío era un trasto, había ganado bastante en un viaje y se había acordado de mí pero habían dicho esto para que estuviera una temporada con él en mi casa y luego ella se rendiría al no entenderlo y te lo cedería a ti, todo esto me lo decía sentada sobre mis piernas abrazada a mí, la besé y ya iba a buscarle las tetas cuando me paró y me dijo.

Lo primero es lo primero, ahora tienes que ponerlo en marcha para que cuando venga Nico lo vea funcionar.
Me tuve que aguantar y no poder agradecérselo en ese momento pero me puse con él y al rato ya iba todo, ni yo imaginaba tanta velocidad y calidad de imagen, al rato vino Nico, se lo enseñé y le encantó, Susa estaba en la cocina preparando la comida y Nico se me acercó y con cierta complicidad me dijo…

¿José, es verdad de que con el ordenador puedes ver mujeres desnudas?
Claro y mucho mas, se pueden ver hasta parejas follando y todo.
¿Sí, a ver enséñame algo?
Yo busqué las páginas porno que me sabía de memoria, en ellas había aprendido parte de lo que le hacía a Susa y en la mejor le enseñé las categorías de porno que habían por orden alfabético, le recomendé la de chicas de 18 a 20 años, le gustó mucho pero él prefería ver a mujeres casadas, le busqué las páginas de MILF, casadas “follables” y le gustó más, se animó y me pedía más y cuando vio la página de tríos le encantó, yo la pasé rápido pero él me señaló con curiosidad la de cornudos, tuve que abrirla, en ella el marido estaba mirando desde lejos como un negro con una polla enorme se la metía a su esposa pelirroja, quise quitarlo por vergüenza pero el me dijo que quería ver cómo quedaba, yo me sabía el final de sobra pero tuve que esperar a que el negro se corriera dentro de la pelirroja mientras el marido se hacía una paja, al acercarse Susa se acabó la sesión de porno y yo me fui a mi casa.

En la siguiente vez que visité a Susa con la excusa del ordenador me dijo que Nico le había contado las cosas que se podían ver, me sorprendió aquella confesión pero en un matrimonio hay confianza, ante la insistencia de Susa le busqué alguna más apropiada para ella, pensé en masajes con final feliz, en ellas chicas con unos cuerpos esculturales recibían unos masajes en el coño que las hacía correrse y muchas de ellas aprovechaban las pollas de los masajistas y se los follaban sobre la camilla, a ella le encantó a la vez que me acariciaba el pecho, me pidió más, su marido le había recomendado los tríos pero yo los pasé rápidos pero me insinuó lo de los cornudos, yo no sabía que pensar, eso era un tema muy delicado y prefería enseñarle a madrastras follando a los hijastros pero ella se había fijado en la de los cornudos, la cosa quedó en el aire pero yo no veía claro, el caso se complicó cuando mi padre le dijo a mi madre que le había salido en el camión un viaje a Noruega y que podía irse con él, estarían unos días fuera y lo pasarían muy bien, la ocasión era perfecta para ellos, a mi con toda confianza me recomendaron que pasara a comer a casa de Susa y que durmiera en mi casa.

A Susa y Nico les pareció ideal y la primera noche me agasajaron con una cena especial, comimos y bebimos lo que quisimos, Nico estaba exultante y Susa bellísima, me dijeron que de irme a dormir a mi casa solo ni hablar, me quedaría con ellos todo el tiempo del viaje, entre plato y plato Susa me cogía la mano y me acariciaba, Nico me miraba y sonreía, yo procuraba esquivarla y me ponía rojo, salió la conversación y el tema del porno, me alabaron de mi habilidad con el ordenador y de paso me dejaron ver que yo sabía todo sobre porno para que no estuviera cohibido, pasamos al sofá y Susa se sentó entre los dos, su marido le pasaba los dedos por el cuello y ella le sonreía pero me acariciaba el pelo por la nuca. Nico alababa el vestido tan bonito de su mujer y me lo enseñaba incluso le levantaba el escote para que mirara adentro, Susa por supuesto no llevaba sujetador y se le marcaban los pezones en la tela, Nico le atrapó uno y me señaló el otro para que se lo cogiera yo, me quedé paralizado pero Susa me cogió la mano y me la llevó a su pecho, cuando sintió cómo lo apretaba se volvió hacia mí y me besó en la boca, fue un pico pero mi polla empezó a crecer, Nico recibió otro beso, éste con lengua y todo, Susa se dejó caer los tirantes del vestido y en sus tetas quedaron la mano de Nico y la mía, entre los dos comenzamos a amasarlas.

Parecía una gata en celo y puso una mano encima de cada polla, la primera que salió a la luz fue la de su marido, se la sacó directamente porque no llevaba calzoncillos, me asusté al verla, era una polla casi el doble que la mía y cuando sacó la mía las meneó las dos a la vez, se escurrió del sofá y nos juntó a los dos, alternaba en su boca una polla o la otra, Nico había pasado un brazo sobre mi hombro en plan de “colega” y recibíamos la mamada que nos repartía Susa, la chica con las pollas en la mano tiró de nosotros y nos llevó a la habitación, yo pensaba que la cosa no iba a salir bien, no confiaba en Nico, hasta ahora era un poco de tonteo producido por el champan y el ron pero irse a la cama los tres…

La duda se aclaró cuando Susa subió y me invitó a mí pero a mí sólo, él se sentó en un sillón en un rincón del cuarto, Susa me dijo al oído.

Mi marido es un cornudo, disfruta viendo cómo me folla otro hombre, me lo tenía prometido desde mi cumpleaños pero no te veíamos todavía preparado, hoy me vas a follar como a ti te gusta y a mí también, él disfrutará viéndonos.
¿Sólo mirando?
Sí es voyeur, como mucho se hará una paja o me pedirá que se la haga yo.
¿Estás segura?
Por supuesto, le gusta que me follen y cuanto más duro mejor.
Nico por su cuenta se había desnudado y con las piernas estiradas en el sillón se estaba meneando la polla enorme, Susa me abrazó y me tumbó en la cama, se arrodilló a mi lado y me buscó la polla metiéndosela en la boca procuró ponerse de culo a Nico para que viera cómo me comía el coño de Susa.

La polla de Nico asomaba más del doble sobre el puño cerrado pero cuando vio la mía levantó un dedo en señal de aprobación. Susa sabía lo que más le gustaba a Nico y procuraba hacerlo, montó sobre mí y le enseñaba cómo mi polla se hundía en ella, cómo sus labios se replegaban al entrar mi verga en la vagina y salían arrastrados con ella, me dejó tomar la iniciativa y se puso a cuatro, me coloqué detrás y se la hundí de un golpe. Nico sonrió satisfecho y el ver cómo me movía adentro de Susa se levantó cara mí, me quedé helado, con aquella verga en 45º no podía esperar nada bueno, esperaba que de un manotazo me quitara del coño de su mujer arrepentido de mirar solamente pero el marido fue a la mesita de noche y buscó, sacó un tarro y me lo dio, no entendí la indirecta pero Nico lo destapó, se llenó los dedos de crema y la repartió entre las nalgas de Susa.

No Nico, eso no, sabes que no me gusta, en eso no habíamos quedado tú y yo.
Pero Nico no hizo caso y dejó el tarro sobre las nalgas de Susa, se sentó otra vez y me ordenó que siguiera yo, no me dejó elección, cogí el tarro, estaba fría la crema pero acabé de repartir por todas las nalgas y me fui acercando al culo, ella se movía para evitarme pero yo estaba decidido, Nico me lo ordenaba y a mí me atraía la idea, me puse abundantemente en la polla y la dejé en la entrada, Susa no se estaba quieta y miré a Nico, él me hizo la señal de que le diera una nalgada con la mano, le di suave, era más una caricia que un castigo pero el insistió al ver que ella no se paraba, le di más fuerte, tanto que estalló en la habitación, comprendió enseguida que iba en serio y se resignó, apoyó la cabeza en la sábana y con las manos separó los cachetes del culo, me aferré a su cadera y presioné, el capullo se aplastó deformándose pero poco a poco fue venciendo la resistencia que hacía intentando evitarlo pero cuando se convenció de que lo mejor era relajarse el capullo se coló de golpe, dos empujones más y ya estaba pegado a ella.

Nico aplaudía con las puntas de los dedos, la polla le había crecido todavía más, estaba muy excitado, Susa gemía de gusto y había olvidado el primer momento, ahora necesitaba más.

José, métela más, hasta adentro, no pares y aunque llore no me hagas caso, necesito más polla.
No te preocupes te daré toda la que tengo.
Síí, toda, necesito toda y más.
Cuando dijo “más” Nico se dio por aludido y se acercó a nosotros, me hizo gracia que me pidiera permiso a mí, precisamente a mí que estaba metiéndole la polla por el culo a su mujer y se lo di claro, rodé sobre la cama y me tendí debajo de Susa, ésta boca arriba tenia insertada mi polla en el culo pero sus piernas abiertas invitaban a cualquiera y allí estaba Nico para solucionar el problema, se acercó y se subió a la cama entre las piernas de su mujer, noté el paso de la polla de Nico por la vagina de su mujer, paralela a la mía, no dejaba de pasar carne a mi lado, noté el glande duro y con un borde muy afilado y luego el tronco interminable me sobrepasó, era más larga que la mía y la vagina muy elástica, cuando la tuvo adentro me dijo por encima del hombro de Susa.

Ahora te toca a ti José, muévete tú primero.
Nico no se dejaba caer sobre Susa y yo me podía mover con el peso de la chica encima, empecé a entrar y salir en su culo, ella con las piernas totalmente abiertas no ponía ningún obstáculo para que llegara hasta el fondo y cuando Nico se incorporó al ritmo, Susa se deshacía en gemidos y jadeos, se corrió al poco pero Nico me guiñó un ojo para que siguiéramos, sabía que su mujer no tardaría en tener otro orgasmo y así fue, éste más violento, ahora era ella la que se movía entre nosotros como en un sándwich, yo la sujetaba de la tetas para que no se saliera y ella se deslizaba sobre mi arriba y abajo, las dos pollas entraban y salían al tiempo y ella temblaba de espasmos, se abrazaba a Nico o me cogía la cara a mí. Él tenía una resistencia de semental, no se corría ni se le notaba intención de hacerlo, yo notaba a través de la débil barrera que nos separaba sus venas hinchadas y sus palpitaciones, parecía un reloj de péndulo adelante y atrás sin parar. Susa ya había dejado de rogar que paráramos pero Nico seguía y yo con relativa comodidad y el tacto sedoso del recto de Susa no tenía tampoco prisa, la chica lloraba pero suspiraba hondamente cuando le llegaban al fondo las dos trancas.

Nico me preguntó levantando las cejas como iba, le dije que bastante bien y me contestó que cuando quisiera que me corriera, él me podía esperar, yo empecé a acelerar y él me siguió, me moví y Susa apretaba el esfínter sobre mi tronco, abrí los ojos a Nico indicándole que ya iba a eyacular, él me dijo que ya lo había notado y empezamos un sprint para ver quien se corría antes, le gané por muy poco porque sólo salió el primer chorro de leche cuando él le llenó de semen el coño, la chica chapoteaba en su interior de leche caliente.

Nico tuvo la deferencia de abrazar a Susa y darse la vuelta, pude salir pegado a ella, ahora Nico era el que estaba debajo y yo encima, las piernas de Susa abiertas descansaban alrededor de las de su marido y con el culo abierto seguí moviéndome hasta correrme otra vez en ella, ya la polla de Nico se había salido y su culo era solamente mío, ella resbalaba sobre el cuerpo de Nico al compas de mis metidas, ya no se quejaba, sólo gemía lastimosamente, entre las piernas de los tres se hizo un charco de leche y flujo de la mujer, Nico salió de abajo de Susa como pudo y ella se quedó tumbada boca abajo en cruz, él se me acercó al oído y me susurró.

Si te has quedado con ganas luego se la metes otra vez, en esa postura no se enterará hasta tenerla adentro.
Gracias pero no sé si podré.
Jajaja, por ti queda.
Chocamos los “cinco” como buenos amigos y salimos al salón, me contó que el día que llegó y nos pilló ya sospechaba algo y se hizo el dormido, siempre habían tenido la fantasía de follar con otro, queríamos probarlo todo, como cornudo o en trío y mira por donde lo hemos hecho todo en una noche, al rato salió Susa de la habitación, el pelo deshecho y el rímel de los ojos corrido pero sonriente y me preguntó.

¿Qué tal José, lo has pasado bien?
De maravilla, ha sido un sueño.
A mí también me ha gustado, por cierto, ¿cuantos días estarán tus padres fuera?, lo digo porque van a ser unos días muuuy intensos, ¿verdad chicos?

FIN

Agradezco sus valoraciones y comentarios.

Gracias.

© tauro47

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