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Todo por ayudar a un amigo divorciado

Todo por ayudar a un amigo divorciado
Un par de años después de casarnos, Ana y yo teníamos una pareja muy amiga. Paula y Nacho, con quienes compartíamos muchas salidas y reuniones.
Pe ro un buen día el pobre Nacho descubrió que comenzaba a ser cornudo y desde entonces todo fue en picada, hasta que finalmente decidieron divorciarse; ya que Paula se había enganchado mal con su amante.
Nacho entró en una depresión no muy profunda; pero a mi esposa y a mí nos daba mucha pena verlo así tan cabizbajo.
Le propuse a Ana invitar a nuestro amigo para que se instalara unos días en nuestra casa, que era espaciosa, para tratar entre ambos de levantarle el ánimo. Ana aceptó sin dudar un instante…
La primera tarde, mientras Nacho y yo compartíamos unas cervezas a solas, me hizo la confidencia, que desde su separación no había vuelto a echarse un polvo y que realmente sentía que le dolían los huevos, por no haber tenido una buena descarga en mucho tiempo.
Entonces le dije que no se preocupara; que ya debía animarse un poco y comenzar a salir otra vez, para conocer mujeres y rehacer su vida sentimental.
No sé por qué, pero al día siguiente comenté ese tema con mi sensual mujercita y le pregunté si no se animaba ella a hacerle el favor a Nacho de darle una buena mamada para que se relajara…
Anita me miró con cara de asombro y me preguntó a su vez si yo me había vuelto loco…
Me dijo que si nuestro amigo estaba tan caliente, que se fuera de putas o se levantara un travesti en los bosques de Palermo; seguramente lo iba a pasar mejor que con ella misma…
Pero yo sabía que Ana ya me había metido los cuernos en más de una oportunidad y realmente quería verla a ella haciéndole una buena paja a mi amigo Nacho…
Insistí tanto con Anita, que finalmente suspiró, bufó un poco y me dijo que lo haría; pero después no podría quejarme si las cosas se salían de control. Le pregunté qué significaba eso y mi esposa simplemente sonrió haciéndome una mueca diabólica…
La noche siguiente durante la cena, no hacía más que pensar en mi cabeza la manera de iniciar el asunto con Nacho. Al final decidí ir de frente y dejar de dar tantas vueltas…
Mientras ayudaba a mi mujercita a lavar los platos en la cocina, le dije que subiera a nuestra habitación y se quitara la ropa interior, dejándose puesto solamente el vestido.
Anita sonrió y me dijo que haría algo más atrevido todavía: estrenaría un camisón negro transparente que sugería bastante…
Mientras ella subía a nuestra habitación, regresé al comedor con Nacho y comenté que debíamos solucionar el tema de su abstinencia sexual…
Un minuto después bajó Ana, vistiendo solamente esa camisola transparente y unos zapatos de taco alto. Estaba espléndida y su cuerpo desnudo se podía adivinar bajo la delgada tela…
Se dirigió directamente hacia Nacho y se detuvo frente a él.
Ana lo miró a los ojos y le preguntó qué le gustaría hacerle si fuera una prostituta… Quedé asombrado al escuchar sus palabras.
Nacho me miró inquisitivamente y después sus ojos regresaron a las tetas de Ana. Sin decir palabra, se levantó del sillón y atrajo a mi mujercita hacia su cuerpo.
Durante unos minutos, empezó a acariciar el cuerpo de Anita, comenzando por los muslos y subiendo. Apretó los firmes cachetes de mi esposa y luego zambulló sus manos por delante.
Pronto sus dedos encontraron que Ana no llevaba una tanga y abrió los ojos asombrado al darse cuenta de que podía acariciar los labios vaginales humedecidos de mi sensual esposa.
Ana gimió cuando los dedos de Nacho se hundieron en la humedad de su concha. La otra mano de mi amigo de repente aferró la camisola transparente y de un rápido tirón la desgarró, arrojando los pedazos al piso. Mi esposa ahora estaba completamente desnuda frente a él.
Pude ver que dos de sus gruesos dedos estaban hundidos profundamente entre los labios vaginales de mi esposa y comenzaban a entrar y a salir de su cuerpo.
Sin dejar de mover sus dedos dentro de la concha de Ana, mi amigo me miró, preguntando si ella y yo estábamos seguros de lo que podía llegar a suceder a partir de ese momento…
Antes de poder responderle, la sonrisa de Anita me indicó que ella ya estaba disfrutando de esas caricias y del morbo que le provocaba esa situación…
A partir de ese momento Nacho recorrió todos los rincones del cuerpo de Ana con sus dedos; llevándola a un grado de excitación bastante alto. Podía ver que mi mujercita temblaba cada vez que él le lamía los pezones erectos y se le aflojaban las piernas cuando esos atrevidos dedos rozaban su clítoris inflamado.
Al cabo de unos quince minutos, Ana llorando de placer le suplicó que la hiciera acabar. Peor todavía, le dijo que ni yo mismo le había hecho sentir tanto placer usando solo dedos y lengua…
Nacho la aferró por os cabellos y le dijo que se lo pidiese bien.
Ana insistió con su voz entrecortada por la excitación, en que ella necesitaba acabar, que ya no aguantaba más tanta calentura.
Entonces nuestro amigo, sonriendo y de manera muy lenta, comenzó a meter y a sacar un par de dedos de la concha de mi esposa.
De pronto ella ya no pudo contenerse más y comenzó a sentir la llegada de un orgasmo salvaje. Las rodillas se le doblaron y tuvo que sostenerse por los hombros de Nacho. Gimió al principio; pero luego comenzó a aullar de una manera brutal. Entonces un intenso clímax estalló dentro de ella y cayó de rodillas sobre el sillón.
Nacho sonrió y continuó con el perverso mete y saca en su concha ya empapada. Ana le mostró que podía tener varios orgasmos consecutivos; ya que él no se detuvo y siguió disfrutando mientras mi mujercita se retorcía de placer entre sus dedos…
Cuando por fin Ana dejó te tener orgasmos, lo miró a los ojos y le suplicó que la cogiera. Nacho me miró a mí y yo le devolví una mirada de aprobación.
Entonces casi se arrancó los pantalones; empujó a mi esposa contra el sillón y la aferró desde tras por sus redondas caderas.
Muy despacio poyó la punta de su verga tiesa contra los labios vaginales de Anita. Ella al sentirlo, empujó su cuerpo hacia atrás, hasta lograr empalarse por completo sobre esa enorme pija…
Mi mujercita aulló de placer y comenzó a moverse hacia adelante y atrás, buscando que esa tremenda verga erecta no se saliera de su hambrienta y ahora agradecida concha.
Nacho se la estuvo cogiendo sin cambiar el ritmo de bombeo por casi unos quince minutos. Perdí la cuenta de los orgasmos que tuvo mi sensual mujercita en ese tiempo. Ella estaba totalmente abandonada y entregada a esa pija dura que la embestía sin cansancio.
De repente Nacho se la sacó, hizo girar a Ana boca arriba y volvió a penetrarla a fondo; esta vez todavía con más furia y potencia.
Mi esposa no dejó de gemir y jadear durante la media hora en que mi amigo la estuvo bombeando con tanta brutalidad. Parecía estar totalmente poseída por el poder de semejante pija…
Finalmente entre sollozos, Ana le pidió que acabara dentro de su concha; ella ya no podía más. Quería sentir el semen caliente dentro de su enfebrecida concha…
Mi amigo no la hizo esperar mucho y casi al instante empezó a soltar toda su leche dentro del vientre de mi mujercita.
Cuando se salió, Ana jadeando se abalanzó sobre él, para lamerle la pija y dejarla limpia con su sedosa lengua.
Nacho sonrió relajado, agradeciéndome con la mirada que le hubiese permitido cogerse a mi sensual y caliente esposa.
Yo pensé que había quedado satisfecho; pero estaba totalmente equivocado… Esto recién comenzaba…

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