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Un trio inesperado

Un trio inesperado
El verano de Buenos Aires se precipitó de golpe, las vacaciones también. Sola en mi departamento el agobiante calor reducía mi actividad que no tenía posibilidad de compartir con nadie. Un sinnúmero de llamadas telefónicas me permitió acordar una cita en un Café, con una compañera del gimnasio, que como yo andaba sola por la vida.

Nos reunimos cerca de su casa, con poco para hablar, casi no nos conocíamos y de a poco tuvimos un diálogo al menos interesantes. Pese a la noche el calor golpeaba con fuerza nuestros cuerpos, y el sudor de los mismos corría por nuestras soleras.
La proximidad de una tormenta no acercó a su casa, de repente empezó a llover copiosamente, corrimos con nuestras ojotas en la mano hasta la entrada del Edificio donde vivía. Nuestros pelos mojados habían dejado de lado a los prolijos peinados con que nos encontramos, nuestros mojados cuerpos pegados en nuestra escasa y liviana ropa, dejaba traslucir nuestros cuerpos de manera sensual y erótica, dando muestra de la ausencia de nuestros brassier. Nuestros pezones se notaban con claridad.

Así descalzas subimos al ascensor y luego de llegar a su piso entramos en su departamento. Ella de inmediato se sacó el empapado vestido que lo dejó en el lavadero de su cocina quedando vestida con una escasa tanga.
_Sacate la ropa me dijo, mientras iba al interior de su casa, volvió en segundos con una toalla para que me sacara. Al rato volvió con un bata que claramente insinuaba sus desnudeces, yo estaba parada cubierta con la toalla. Tomó mi ropa y la colocó en su secarropas.

Volvió con unos cafés, prendimos los cigarrillos que no pudimos fumar en el Café y comenzamos a conversar de todo y de nada. La lluvia arreciaba, sinceramente no sabía como regresar a mi casa desde ahí.
Mi ropa se secó y ella me dijo de quedarme a dormir a lo que accedí, así fue que vino y en el living me armó una cama, luego se fue a bañar. La imité luego que ella terminó, no finalicé de cerrar las canillas de la ducha y siento el golpeteo de sus dedos en la puerta del baño.

–Puedo pasar? Me dijo.
Accedí, ella se sentó en un artefacto del baño mientras terminaba de secarme, me ofreció cremas y productos para el pelo, me sequé el mismo delante de ella. El habernos visto desnudas en el gimnasio no agregaba nada nuevo a esta rutina.
Me ofreció una prenda para dormir y le dije que si no le m*****aba dormiría con mi tanga y nada más. Fui al living, donde estaba mi cama armada y caí rendida.

Al día siguiente me despertó una conversación que se desarrollaba en la cocina, cuya puerta veía. No pasaron mucho segundos para que vea salir de la misma mi amiga sólo cubierta con su tanga y que me dice_ está la señora de la limpieza.
Dicho eso se asomó una joven treintañera que me saludó y se acercó a darme un beso, sonrrojada atiné a cubrirme y ella me dijo_Señora no se haga problema.

Así fui al baño, me arreglé y volví al living donde mi amiga estaba desayunando, sin aún haberse vestido. La mucama iba y venía con total normalidad y ella, continuaba semidesnuda.
Le agradecí su atención, me despedí y volví a mi casa.

Días después, luego de una llamada, vuelvo a su casa con un regalo en agradecimiento a haberme protegido de la lluvia ese día, ella aprovechó para invitarme a ir a una casa de una localidad cercana a pasar uno o dos días.
Luego de un viaje en auto de unas dos horas llegamos a una casa lejos de todo y que había tenido su época de esplendor. Dejamos nuestros bolsos, ventilamos la casa y mi amiga me sugirió que tomáramos sol, a lo cual accedí.

El calor del mediodía era agobiante y con una escueta bikini me dirigí a un jardín trasero, mi amiga llegó desnuda, no me dijo nada, simplemente me miró con una sonrisa. Así las cosas colocamos unas reposeras, y con una manguera nos aseguramos poder refrescarnos.

Ella me pidió que le colocara bronceador en su desnudo cuerpo, cuando hizo lo mismo conmigo me aflojó la bikini que quedó en el suelo. Así las dos, sexagenarias, nos quedamos desnudas una frente a la otra. Algo empezó a vibrar en mi cuerpo, nuestros cuerpos desnudos y perlados por la transpiración eran una imagen de sensualidad atrayente.
Nos pusimos en la reposeras y el sueño nos invadió. Adormecida escuché una bicicleta y un_Como andan? Era la mucama de mi amiga que venía del pueblo. Entró en la casa y regresó con una escuetísima bikini que no tardó en sacarse.

Mi amiga le ofreció colocarle bronceador, cosa que accedió. Mi mirada se alejó de ellas y cuando las volví a ver noté que ellas se masajeaban con suavidad, detenimiento y confianza. Algo comenzó a fluir de mi interior cuando ellas comenzaron a besarse profundamente.

Mis manos buscaron mi vagina de la cual fluía un tibio liquido, ellas me miraron y su sola miraba fue una invitación a unirme a ellas, en una nueva experiencia que nunca había tenido. El flujo vaginal parecía fluir a borbotones de nuestros tres cuerpos y su olor nos invadía.

La mucama atendió a cada una de nosotras mientras la otra le besaba los pies a ambas. Así ya tendidas en el suelo, mientras yo besaba la vagina de ella, mi amiga lo hacía en su zona anal. Un grito de satisfacción demostró acabadamente su placer salvaje y así quedamos las tres adormecidas.

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