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UNA NUEVA AURORA. La primera sumisión

UNA NUEVA AURORA. La primera sumisión
Segunda parte

De pié, como estaba, delante del espejo del tocador se quedó mirando su sexo, atenta al reflejo de una pequeña y brillante gota de flujo que se iba descolgando de un hilo, también de flujo, y la cuál parecía no tener prisa en su descenso. Esta se balanceaba levemente al principio y fue incrementando su ímpetu a medida que descendía alargando ese hilo, haciéndose cada vez más fino y todo al ritmo del casi imperceptible movimiento de sus caderas, el cuál era incapaz de controlar mientras sus manos no parasen primero de sobar sus pechos. Hasta que se quedó adherida a uno de sus muslos para continuar así un más lento descenso, y dejar de brillar en cuando salió de la influencia de la luz. Esto sin tan siquiera tocar su sexo, sin duda preludio de lo que esperaba y todo consecuencia de su obsesa y perversa imaginación.
Con el dedo índice de su mano derecha recogió la gota y lo fue pasando por el corto camino hasta entonces recorrido por ella, aprovechó también para recoger los restos de ese fino hilo de flujo que aún se balanceaban tímidamente colgando de su sexo, hasta llegar al lugar donde se originó, allí hundió su dedo entre sus dos grandes labios, que se separaron y al hacerlo dejaron escapar más flujo que recogió en su dedo hasta quedar cubierto, impregnado por completo con su blanco, suave y espesa textura.
Tenía prohibido por su maestro masturbarse, no podía tener ningún orgasmo sin su consentimiento previo.
“ No tendrás permitido masturbarte ni disfrutar de orgasmo alguno sin mi permiso previo, esta desobediencia conlleva un duro castigo.
Si aún así me desobedecieras, grabalo, no te eximirá del severo castigo, pero lo tendré en cuenta al ejecutarlo, pues la tomaré como una muestra de tu debilidad y falta de control.
Me servirá como confesión, me mostrará tu arrepentimiento y propósito de enmienda, tu deseo de cambiar esa actitud desafiante por respeto a mí”.
Recordando esto sacó el dedo rápidamente de su vagina y comenzó a frotarlo con su dedo pulgar queriendo comprobar esa maravillosa textura que parecía tener, al separarles vio cómo volvió a formarse ese fino hilo, como aquel del que pendía la gota hacía escasos segundos, tan fino como un hilo de telaraña, de esos que son llevados en volandas por la más ligera de las brisas veraniegas y brillaba tanto reflejando la luz que parecía pulido y tallado en mejor de los cristales.
Comenzó a extenderlo por su pezón derecho, enseguida quedó envuelto por una espesa capa de ese flujo que le hacía brillar, haciéndolo destacar, aún más, su color oscuro sobre la blanca piel que lo rodeaba.
Envolvió también su otro pezón haciendo que brillaran al unísono. Se quedó mirando cómo brillaban, cómo ese brillo se iba apagando poco a poco a medida que se secaba, y cómo al hacerlo notaba en sus pezones una extraña sensación.
Se quedó abstraída y sorprendida con esa nueva sensación que notaba en sus pezones, con su barbilla casi tocando su pecho, sus ojos muy abiertos y su boca sensualmente entreabierta miraba sus pezones apretando sus pechos con las manos, en un movimiento ya habitual en este corto periodo de tiempo en el que llevaba los pechos atados y que a este paso se convertiría en un tic.
Se diría que la fina capa que envolvía sus pezones, al secarse se contraía, y lo que notaba era una suave opresión de esa transparente piel que envolvía sus hinchados pezones, encantadora y excitante sensación.
La gustó tanto esa sensación que quiso repetirla, para ello volvió a introducir su dedo entre los dos grandes labios de su vagina y, como ocurrió minutos antes, no hizo más que meter la punta cuando se deslizó por él un fino reguero de ese preciado ungüento, que más rápido de lo que pensaba, le fue cubriendo hasta llegar a formarse una gota en la parte inferior del dedo, con la clara intención de desperdiciarse al caer al suelo. Antes de que cayese introdujo otro dedo, el corazón, fue subiendo ambos abriendo los labios de su vagina y recogiendo en medio de los dos ese exceso de flujo causado por su constante excitación.
Cogió por debajo su pecho derecho y lo levantó para comenzar a extender por el pezón ese maravilloso fluido. Para eso colocó los dos dedos impregnados de flujo de tal manera que el pezón quedó entre ambos, y moviendo su pecho lo restregaba a la vez que volvía a empaparlo con ese preciado jugo, apretando más o menos según la pareciese pasaba su pezón entre los dos dedos, sin prisa, disfrutando del momento.Levantó su otro pecho y comenzó a extender la capa de flujo por él, justo cuando esa sensación que buscaba se estaba comenzando a producir en el primero, – ¡ Dios ! que sensación tan excitante – pensó.
Su pezón ya estaba envuelto con esa capa transparente y brillante cuando alzó su pecho un poco más y comenzó a soplar ligeramente sobre su pezón, el proceso se aceleró y quedó embutido en esa segunda piel, más duro como consecuencia de esa fresca brisa que salía de sus labios.
Apretó con ambas manos sus pechos mirando su reflejo y luego miró a la cámara, está seguía grabando aunque ella la había olvidado por completo, pero al maestro seguro que le gustaría ver esa secuencia de absoluta entrega.
Cogió un paquete que había dejado encima de la cómoda, envuelto y metido dentro de una pequeña bolsa de plástico. Se trataba de unas bragas de algodón, blancas con unas pequeñas flores bordadas utilizando todos los colores primarios. Las clásicas bragas de toda la vida, como se lo había pedido su maestro.

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